dijous, 20 de desembre de 2012

La política sin ética es sólo el mero ejercicio del poder



Aquesta ha estat la meva intervenció avui, al Ple de Congrés, en el tràmit d'aprovació definitiva dels Pressupostos Generals de l'Estat pel 2013.

Muchas gracias señor Presidente,

Señorías, hoy vamos a cumplir  un trámite. Simplemente, cumplir un trámite.

Desgraciadamente en eso han convertido el proceso de debate y aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. La ley más importante del año.

Una ley que va a ser auto-enmendada más pronto que tarde, como lo fue la vigente para 2012. Simplemente, por que se basa en previsiones irreales para nuestra economía.

Nuestras discrepancias, por lo tanto, se refieren a las formas, a las actitudes, y también al fondo.

Las formas y las actitudes son muy importantes en democracia. Pueden propiciar el acuerdo, el pacto a partir del dialogo, o pueden echar por la borda horas y horas de trabajo, preparando enmiendas y defendiéndolas en comisión y pleno, sencillamente, porque el grupo mayoritario y el Gobierno se mantiene cerrado en banda. Creo que han batido el récord. Del grupo socialista, ni en el Congreso ni en el Senado se ha aprobado una sola enmienda.

Se han refugiado en su mayoría absoluta para imponer su particular receta. Y a los problemas de forma, le añaden los problemas de fondo.

Su receta se llama recortes de los servicios esenciales. Se trata de una receta, sustentada únicamente en la creencia de que el medio y el fin son una misma cosa: la reducción del déficit público a toda costa, y a costa de todos – o casi todos-.
A la minoría privilegiada se la protege y se la amnistía. A la mayoría, se la carga de tributos y de repagos de servicios públicos.

Mientras, se olvidan de que nuestro reto, además de ajustar, pero hacerlo con tino y mesura, y a sabiendas de las prioridades y de los costes de cada uno de los ajustes, nuestro reto, como decía, es hacer crecer nuestra economía. Pero teniendo claro que hay que hacerlo con un patrón de crecimiento que nos haga incrementar la competitividad por incorporación de conocimiento en el proceso productivo y no a costa de los salarios, en la línea de su reforma laboral. Para que dispongamos de una economía que se sustente sobre fundamentos sostenibles y no sobre burbujas de ningún tipo. Para que dispongamos de un sector industrial de alto valor añadido, en lugar de convertirnos en la “maquila de la Europa rica”, como estamos corriendo el riesgo de convertirnos a causa de sus políticas y de la falta total en ellas de política industrial,  energética y de I+D+i. Las protestas de los investigadores lo hacen patente.

Las políticas que nos plantean en los Presupuestos Generales del Estado para 2013, además de olvidar el impulso de nuestra economía, están acrecentando de forma acelerada la desigualdad en el seno de nuestra sociedad. Y con ella, el progresivo desapego, e incluso el rechazo, de la política y sus instituciones. Y eso nos parece gravísimo.

Señorías, decía Mahatma Gandhi que la política sin ética es sólo el mero ejercicio del poder. Y carecer de ética es prometer una cosa y hacer todo lo contrario de lo prometido. Eso, precisamente, es lo que están haciendo ustedes.

Han metido la tijera a los derechos de los trabajadores, a las prestaciones por desempleo, a la dependencia, a la sanidad, a la educación, a las pensiones…  a todo aquello que prometieron no tocar; y además, están gripando los motores que nos pueden permitir impulsar nuestra economía: la educación, las políticas activas de empleo, la I+D+I, el apoyo a PYMEs y a los emprendedores…

El resultado es bien patente. En un año de gobierno, no han dejado títere con cabeza. Lo que estaba mal, como la economía y el paro, ahora está mucho peor, y lo que estaba bien, o lo estropean o lo hacen de pago, como la sanidad, la educación o la justicia.

Y su receta, contemplada en este proyecto de ley de PGE 2013, es más de lo mismo. Lo dije en comisión y se lo repito en este Pleno.

Más de lo mismo es mantener la orientación de una política fiscal basada exclusivamente en la reducción agresiva del déficit público, sin contener ninguna estrategia de fomento del crecimiento potencial de nuestra economía.

Más de lo mismo es continuar creyendo  -y se necesita mucha fe- que dicha política de ajuste duro y llevado a cabo en poco tiempo nos conducirá, sin género de dudas, al florecimiento económico, como ocurre en la naturaleza por la simple llegada de la primavera. Pero lo más probable es que, después del duro castigo al que se somete a la inmensa mayoría de la población, pocas flores queden en el jardín.

Más de lo mismo es no acometer reformas estructurales de las principales figuras tributarias, optándose por pequeños parches, como la mayor tributación de las plusvalías a corto plazo, o bien por recurrir a propuestas del PSOE, como el gravamen de los premios de las loterías, o la recuperación del impuesto sobre el patrimonio, sin abordar una imposición patrimonial más justa y eficiente como el impuesto sobre las grandes fortunas. También aquí la falta de equidad y la injusta redistribución del esfuerzo generan desigualdad.

Más de lo mismo es, en definitiva, que todo el esfuerzo de recorte del gasto en los diversos Ministerios, lejos de aplicarse al impulso de nuestra economía, al cambio de patrón de crecimiento y a la provisión de los servicios públicos esenciales, va destinado en su integridad a pagar el incremento del coste de la deuda. Una deuda que crece y se encarece por culpa de su mala gestión y por el traslado a pública de la deuda bancaria.

Voy acabando, señor Presidente.

Por todo ello, presentamos nuestras 893 enmiendas parciales en el Congreso y otras tantas en el Senado. Ninguna ha sido aprobada.

Suya, y sólo suya es la responsabilidad de los resultados de esta política económica que se ceba en los débiles y protege a los fuertes. Como siempre, privatizan los beneficios y socializan las pérdidas.

Pero quiero dejarles claro que vamos a continuar trabajando, con más ahínco si cabe, porque nuestra concepción de la política no se reduce a la mecánica de las instituciones, y especialmente al mal uso que hacen ustedes de algunas, sino que se dirige al corazón de nuestra sociedad. Una manera de hacer política que hace del diálogo su método y elabora alternativa, a partir de unos valores bien distintos de los que ustedes defienden y practican.

Vamos a construir una alternativa clara y fuerte, para dar respuesta a tanta gente que lo esta pasando mal, que esta dejando de creer en la política porque la considera sometida ineludiblemente sólo al valor del dinero como símbolo de poder. Por todo ello, vamos a construir una alternativa, para ofrecer, desde la política, un proyecto de futuro para todos.

Muchas gracias señor Presidente.